Qué incluye una auditoría de accesibilidad web (y de qué depende el precio)
Qué incluye una auditoría de accesibilidad web, qué entregables debe darte y por qué el precio varía tanto. La parte que nadie te cuenta del coste.
“¿Cuánto cuesta una auditoría de accesibilidad web?” Es la pregunta correcta, pero tiene truco: la respuesta que recibes te dice más sobre lo que te están vendiendo que sobre lo que vas a recibir. Hay quien te suelta un precio plano de 100 € y hay quien te pide hablar media hora antes de dar cifra. La diferencia no es el margen comercial. Es que no están vendiendo lo mismo.
Vamos a separar las dos cosas: qué incluye una auditoría de verdad, y qué factores mueven su precio. Cuando entiendas lo primero, lo segundo deja de parecer arbitrario.
Qué es (y qué no es) una auditoría de accesibilidad
Una auditoría de accesibilidad es la evaluación de tu web contra los criterios de la WCAG 2.1 / 2.2 nivel AA —la norma técnica de referencia legal en España— para detectar qué barreras impiden que la usen personas con discapacidad, y documentarlo con suficiente detalle como para poder arreglarlo.
Eso es lo que es. Esto es lo que no es:
- No es pasar Lighthouse y exportar el PDF. Las herramientas automáticas detectan en torno al 30% de los problemas reales. El otro 70% solo aparece probando a mano. Lo desarrollo en por qué Lighthouse no es una auditoría de accesibilidad: un 100/100 en Lighthouse y una web inutilizable con teclado conviven perfectamente.
- No es instalar un overlay. El plugin de “accesibilidad en un clic” no audita nada; superpone una capa que falla en las pruebas manuales y no te protege legalmente.
- No es un certificado. Nadie “certifica” tu web como accesible con sello oficial en el sector privado. Quien te venda un sello, te está vendiendo humo con membrete.
Una auditoría es un diagnóstico. Como el del taller: no arregla el coche, te dice exactamente qué está roto, con qué gravedad y en qué orden conviene tocarlo.
Qué incluye de verdad: las fases
Una auditoría seria sigue una metodología. La referencia internacional es la WCAG-EM del W3C (la metodología de evaluación de conformidad). En la práctica, el trabajo tiene cuatro fases.
1. Análisis automático. Se pasan herramientas como axe, WAVE o Pa11y sobre una muestra de páginas. Esto detecta lo evidente y barato: contrastes flagrantes, imágenes sin alt, campos sin etiqueta. Es el punto de partida, no el final. Quien termina aquí te está cobrando por darle a un botón.
2. Evaluación manual. Aquí está el 70% que las máquinas no ven, y es donde se va la mayor parte del tiempo:
- Navegación solo con teclado: ¿se llega a todo sin ratón? ¿El foco se ve? ¿Hay trampas donde el teclado se queda atascado?
- Lector de pantalla (NVDA, VoiceOver): se recorre la web escuchándola, como la recorrería una persona ciega. Aquí caen los botones que no son botones y los formularios que no se entienden.
- Contraste de color medido con herramienta, no a ojo, incluyendo estados (hover, foco, deshabilitado).
- Zoom y reflujo: ampliar al 200-400% y comprobar que el contenido no se rompe ni desaparece.
- Contenido dinámico: menús, modales, carruseles, mensajes de error. El carrusel sin pausa ni control de teclado es un clásico que ninguna herramienta automática penaliza bien.
3. Contraste con los criterios WCAG AA. Cada hallazgo se mapea al criterio concreto que incumple (por ejemplo, 1.4.3 Contraste mínimo, 2.1.1 Teclado, 4.1.2 Nombre, función, valor). Esto no es burocracia: es lo que convierte “esto se ve mal” en “esto incumple este criterio y por esto es sancionable”.
4. Informe. El entregable. Y aquí hay matiz suficiente como para dedicarle su propia sección.
Los dos informes que deberías recibir
Un hallazgo recurrente: el cliente recibe un Excel de 300 filas con códigos de error y nadie en la empresa sabe qué hacer con él. Una auditoría útil entrega dos documentos, porque tiene dos lectores distintos:
| Informe técnico (para quien lo arregla) | Informe ejecutivo (para quien decide) |
|---|---|
| Cada error con su criterio WCAG, su ubicación exacta y la solución a nivel de código | Nivel de conformidad global y por secciones, en lenguaje de negocio |
| Severidad y esfuerzo estimado | Riesgo legal y prioridades: qué tocar primero |
| Capturas y pasos para reproducir | Resumen de qué cuesta y qué pasa si no se hace |
Si solo te dan el primero, marketing y dirección no entienden el problema. Si solo te dan el segundo, el equipo técnico no sabe por dónde empezar. Hacen falta los dos.
Por qué no hay un precio único
Aquí está la respuesta honesta a “cuánto cuesta”: depende, y depende de cosas medibles. Una auditoría no se cobra por web, se cobra por trabajo, y el trabajo lo determinan estos factores:
- Número de plantillas únicas, no de páginas. Una tienda con 5.000 productos pero 6 plantillas (home, categoría, ficha, carrito, checkout, contacto) se audita evaluando esas 6 plantillas más una muestra. No se auditan 5.000 páginas iguales. Lo que cuenta es la variedad estructural, no el volumen.
- Complejidad funcional. Una web informativa de 8 páginas no tiene el mismo trabajo que una con login, carrito, pasarela de pago, área privada y formularios complejos. Los procesos interactivos son donde más se rompe la accesibilidad y donde más se tarda en probar.
- Profundidad manual. ¿Solo teclado y lector de pantalla en las páginas clave, o recorrido completo con varias tecnologías de apoyo? A más cobertura, más horas.
- Si incluye reauditoría. Lo serio es auditar, esperar a que el equipo arregle, y volver a comprobar que lo arreglado quedó bien. Esa segunda pasada es trabajo extra que algunos presupuestos incluyen y otros no. Pregúntalo siempre.
Por eso un proveedor riguroso te hace preguntas antes de dar precio. No es que se haga de rogar: es que sin saber cuántas plantillas y qué funcionalidades tiene tu web, cualquier cifra es inventada.
Qué compra cada tramo
Lo que el mercado no te dice claro: el precio bajo no es una ganga, es otro producto. Sin nombrar a nadie, esto es lo que sueles encontrar:
- El “desde 100 €” (tipo Kit Digital o tarifa plana baja). A ese precio no caben horas de prueba manual. Casi siempre es un informe automático con membrete. Te vale para detectar lo evidente; no te vale para saber si cumples ni para defenderte ante un requerimiento. Es el equivalente a la ITV que te hace un sobrino mirando el coche desde la acera.
- El rango intermedio. Suele incluir automático + algo de manual en páginas clave + un informe. Razonable para una web pequeña y honesta sobre su alcance. Pregunta exactamente qué páginas se prueban a mano.
- La auditoría manual completa. Cobertura amplia, varias tecnologías de apoyo, los dos informes y reauditoría. Es lo que necesitas si te juegas un contrato, una licitación o un requerimiento legal. Cuesta más porque son muchas más horas de persona, no de máquina.
No hay tramo “malo”. Hay tramos honestos sobre lo que dan y tramos que te dejan creer que has cumplido cuando solo has pasado un escáner. El problema no es pagar poco; es pagar poco pensando que pagas por lo otro.
Cómo saber si te venden una auditoría de verdad
Cuatro preguntas al proveedor te lo dicen en treinta segundos:
- ¿Cuántas horas de prueba manual incluye y en qué páginas? Si la respuesta es vaga o “lo hace la herramienta”, es un escáner.
- ¿Con qué lector de pantalla y navegador prueban? Si no saben decir NVDA, VoiceOver o JAWS, no prueban con lector de pantalla.
- ¿Mapean cada error a su criterio WCAG? Sin esto, el informe no sirve para demostrar conformidad.
- ¿Incluye reauditoría tras los arreglos? Si no, presupuéstala aparte desde el principio.
Yo mismo me apliqué este proceso entero antes de venderlo: lo conté en cómo audité mi propia web, con los fallos que encontré incluidos. Una auditoría que no te enseña su metodología es una caja negra, y las cajas negras en cumplimiento legal salen caras.
Si necesitas saber dónde está tu web hoy —con los dos informes y la prueba manual de verdad—, hago auditorías de accesibilidad y te digo el alcance y el precio después de mirar qué tiene tu web, no antes.