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¿Te aplica la Ley 11/2023? Blog Auditoría
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Vídeo accesible: subtítulos, transcripción y lo que la ley te exige

Cómo hacer un vídeo accesible: subtítulos, transcripción y audiodescripción, qué te exige la ley en España y por qué los subtítulos automáticos no bastan.

Reproductor de vídeo mostrando una línea de subtítulos en la parte inferior de la imagen.

Subes el vídeo a YouTube, activas los subtítulos automáticos y das el tema por cerrado. Es justo ahí donde la mayoría de las webs incumplen sin saberlo. Esos subtítulos no cumplen la norma, y el motivo es más simple de lo que parece: están pensados para “hacerse una idea”, no para sustituir al audio.

Hacer un vídeo accesible no es complicado, pero tiene tres piezas y casi nadie sabe cuál necesita ni cuándo. Vamos a verlas en orden, con lo que de verdad te exige la ley en España.

Qué dice exactamente la ley sobre tu vídeo

Empecemos por lo que importa, que es de dónde sale la obligación.

Las pautas técnicas que definen un vídeo accesible son las WCAG, en concreto su grupo de criterios 1.2 (“medios tempodependientes”, que es la jerga del W3C para “audio y vídeo”). Esas pautas se vuelven obligatorias en España a través de la norma UNE-EN 301 549, que es la que la Ley 11/2023 toma como vara de medir. Desde el 28 de junio de 2025, muchas empresas privadas están obligadas a cumplir la WCAG 2.1, nivel AA.

Traducido: si tu web tiene vídeos y a tu empresa le aplica la ley, esos vídeos tienen que cumplir varios criterios concretos. No es opcional y no es “recomendable”. Es el listón legal vigente. Un apunte que conviene fijar, porque se cuenta mal a menudo: el nivel exigible hoy es la 2.1, no la 2.2, aunque adelantarse a la 2.2 tenga sentido por otros motivos.

¿Qué vídeos disparan la obligación? Prácticamente todos los que tengan contenido real: el vídeo corporativo de la home, el tutorial de producto, la grabación del webinar, el testimonio de cliente. Un vídeo puramente decorativo y sin sonido (un fondo en bucle de tres segundos, sin información) es la excepción, no la regla. Si transmite algo, hay que hacerlo accesible.

Las tres piezas y cuándo necesitas cada una

Aquí está el lío que ningún artículo aclara. “Vídeo accesible” no es una cosa, son tres, y no siempre necesitas las tres. Depende del vídeo y del nivel que te exijan.

PiezaPara qué sirveCriterio WCAGNivel
SubtítulosQuien no oye, lee lo que se dice1.2.2 Subtítulos (grabado)A
Transcripción o audiodescripciónQuien no ve, accede a la información visual1.2.3 Alternativa multimediaA
AudiodescripciónQuien no ve, accede a lo visual imprescindible1.2.5 AudiodescripciónAA
Subtítulos en directoIgual que los subtítulos, pero en streaming1.2.4 Subtítulos (en directo)AA

Como en España el listón es el nivel AA, te aplican todos los de la tabla. Pero hay un matiz que ahorra mucho trabajo y que casi nadie cuenta.

La audiodescripción solo hace falta cuando hay información visual que no está ya narrada en el audio. Si tu vídeo es una persona hablando a cámara (el clásico “talking head”) y todo lo importante se dice en voz alta, no hay nada que audiodescribir: ya está todo en el audio. La audiodescripción se vuelve obligatoria cuando en pantalla pasan cosas que el sonido no cuenta: un gráfico que aparece, una demostración silenciosa, un rótulo que no se lee en voz alta.

Esto es importante porque mucha gente cree que cada vídeo necesita una pista de audiodescripción profesional carísima. La mayoría de vídeos de PYME, no. Necesitan subtítulos buenos y una transcripción. Punto.

Por qué los subtítulos automáticos no te valen

Vuelvo al inicio, porque es el error que más veo. Los subtítulos automáticos de YouTube (o de cualquier transcriptor de IA sin revisar) no cumplen la WCAG, y no es por purismo. Es por cuatro fallos concretos:

  • Precisión. Confunden términos, nombres propios y cualquier palabra técnica. Para un vídeo de producto, donde la palabra clave es justo la que la máquina no conoce, es un desastre.
  • Puntuación. Sueltan un muro de palabras sin comas ni puntos. Léelo en alto y verás: cambia el significado.
  • Identificación de quién habla. En una entrevista o un panel, los subtítulos automáticos no distinguen entre dos voces. El criterio WCAG exige saber quién dice cada cosa.
  • Sonidos relevantes. Una alarma, una risa, “suena el teléfono”. Si ese sonido aporta información, tiene que estar en el subtítulo. La máquina no lo pone.

Los subtítulos automáticos son a los subtítulos accesibles lo que el traductor de Google es a un traductor jurado. Sirven para enterarte de la idea. No sirven para firmar nada.

La buena noticia: no tienes que escribirlos a mano desde cero. Genera el borrador automático y revísalo. El 80% del trabajo lo hace la máquina; el 20% que la convierte en cumplimiento legal lo pones tú con quince minutos de repaso.

Cómo hacerlo bien, pieza por pieza

Subtítulos

Un subtítulo accesible cumple cuatro cosas, más allá de transcribir bien:

  1. Sincronía. Aparecen cuando se dice cada frase, no dos segundos tarde.
  2. Identificación de hablante cuando hay más de una voz: — María: antes de su frase, por ejemplo.
  3. Sonidos con significado entre corchetes: [aplausos], [suena un aviso].
  4. Legibilidad. Si los incrustas en el vídeo (subtítulos “quemados”), cuida el contraste de color: texto claro sobre una banda oscura, no blanco sobre un fondo que a ratos también es blanco.

Prioriza siempre los subtítulos como pista activable (un archivo de subtítulos que el reproductor enciende y apaga) frente a los quemados en la imagen. Son más flexibles y el usuario decide. Si usas YouTube o Vimeo, súbelos como pista; ambos lo soportan de fábrica.

Transcripción

La transcripción es un texto, en la propia página, con todo lo que ocurre en el vídeo: lo que se dice y lo que se ve si es relevante. No es lo mismo que los subtítulos. Los subtítulos van sincronizados dentro del vídeo; la transcripción es un bloque de texto leíble (y rastreable por Google, dicho sea de paso) junto al reproductor.

Tiene una ventaja doble que la mayoría ignora: cubre a la vez al usuario sordociego —que ni oye ni ve el vídeo, y solo con la transcripción accede al contenido— y te regala un buen pedazo de texto indexable bajo tu vídeo. Accesibilidad y SEO tirando del mismo carro, que es la pareja de la que ya he hablado otras veces.

Audiodescripción

Solo si hace falta (revisa el matiz de antes). Cuando la información visual es imprescindible y no está en el audio, tienes dos caminos:

  • Audiodescripción: una voz extra que, en los silencios del vídeo, describe lo que se ve. Es lo que exige el nivel AA para vídeos con contenido visual crítico.
  • Producir el vídeo “autodescriptivo” desde el guion: que el propio narrador diga en voz alta lo que aparece en pantalla. Si grabas tú los vídeos, esta es la jugada inteligente: te ahorras la pista extra haciendo que el audio ya lo cuente todo.

El reproductor también cuenta

Aquí es donde casi todos miran al techo. Puedes tener subtítulos perfectos y transcripción impecable, y suspender igual, porque el reproductor no es accesible. Los fallos típicos:

  • No se maneja con teclado. Si para darle a play, pausar o subir el volumen hay que usar el ratón sí o sí, el reproductor incumple. Todo control tiene que llegarse con el tabulador y activarse con Enter o la barra espaciadora.
  • Autoplay con sonido. El vídeo que arranca solo y a todo volumen no es solo molesto: para alguien que usa un lector de pantalla, ese audio pisa la voz del lector y lo deja a ciegas. Si algo se reproduce solo más de tres segundos, tiene que poder pararse.
  • Foco invisible. Cuando tabulas por los controles, tiene que verse cuál tienes seleccionado.

El reproductor nativo de YouTube y Vimeo cumple bastante bien de serie. Los problemas suelen aparecer con reproductores “a medida” que un diseñador montó bonito y sin teclado. Es el mismo patrón del botón que no es un botón: se ve, funciona con ratón, y para nadie más.

Casos que la gente da por hecho mal

El vídeo de fondo decorativo. Ese vídeo en bucle, sin sonido, detrás del titular de la home. Si es puramente decorativo y no comunica nada, no necesita subtítulos. Pero sí debe poder pausarse si dura más de cinco segundos y se reproduce solo (criterio 2.2.2). Mucho movimiento de fondo marea a más gente de la que crees.

El YouTube embebido. Embeber un vídeo de YouTube en tu web no te exime de nada. La responsabilidad de que ese vídeo tenga subtítulos correctos es tuya, no de YouTube. Que esté alojado fuera no cambia que se ve en tu web.

El directo. Un webinar o una retransmisión en vivo entra en el criterio 1.2.4 (nivel AA): necesita subtítulos en directo. Es lo más caro y lo más incómodo de resolver, así que un atajo razonable y muy habitual: graba el directo y publica después la versión con subtítulos revisados. No sustituye al subtitulado en vivo si el directo es el servicio en sí, pero para el vídeo que luego queda colgado en tu web, es la solución sensata.

Qué te juegas si lo ignoras

Tentación habitual: “son solo unos vídeos, ¿qué más da?”. Da, por dos vías.

La primera es de negocio y es la que más duele en silencio. Un vídeo sin subtítulos lo pierdes con todo el que lo abre sin sonido —que en redes y en el móvil es la mayoría— y con quien no oye bien. Es contenido por el que has pagado producción y que se ve a medias. La accesibilidad aquí no es un coste: es recuperar audiencia que ya tenías y estabas tirando.

La segunda es legal. El incumplimiento de los requisitos de accesibilidad es una infracción tipificada, y según la gravedad las cuantías no son simbólicas. Lo desgloso en el post sobre las sanciones de la Ley 11/2023, pero el resumen es que el rango llega muy por encima de lo que cuesta subtitular bien tus vídeos. Sale más barato hacerlo que explicar por qué no se hizo.

En resumen

Para un vídeo de PYME corriente —alguien hablando a cámara, un tutorial, un testimonio— el camino es corto:

  • ✅ Subtítulos revisados a mano (no los automáticos tal cual).
  • ✅ Transcripción en texto bajo el vídeo.
  • ✅ Audiodescripción solo si hay info visual que el audio no cuenta.
  • ✅ Reproductor manejable con teclado y sin autoplay con sonido.

No es un proyecto de meses. Es un proceso que, una vez montado, aplicas a cada vídeo nuevo casi en automático.

Si tienes vídeos en tu web y no sabes cuáles cumplen y cuáles te están dejando fuera a clientes —y fuera de la ley—, eso es justo lo que reviso en una auditoría de accesibilidad: con pruebas reales de teclado y lector de pantalla, no con el informe automático que da todo por bueno. Y como suele pasar, lo que falla casi nunca es lo que esperabas.